Kyoto: Día 4

Día 4: El placer de acariciar un gato pagando

Cuando hago un viaje largo me da mucho miedo resentirme de la espalda y en este viaje sobre todo los primeros días me dolía un montón así que renunciamos a viajar con el resto a Hiroshima y decidimos descansar hasta las 11 y después pasar el día recorriendo el centro de Kyoto.

Éste fue el único día que no paró de llover, así que pensamos ¿qué podemos hacer un día de lluvia en Japón? Pues… ¡Ir a un Cat Café!

img_1784Cat Café Nekokaigi Kyoto
Entrada 900¥
Horario de Apertura: Todos los días de 11:00 a 18:00H (Ojo, cambia según el día)

Es algo bastante bizarro, pero que nos gustó mucho. Todos los gatos fueron recogidos de la calle, lo sabemos porque teníamos un menú en el que ponía la foto del minino, su nombre, sexo, qué es lo que le gusta hacer y que no y dónde lo encontraron. El ambiente también es bastante extraño, sólo había gente local y los dueños te miraban atentamente y te animaban a darle palmaditas en la parte trasera de la espalda a los gatos (resulta que les encanta). Fer se pasó la hora completa con una gatita que llevaba un vestido, al principio pensamos que era una rareza más, pero era debido a una enfermedad en la piel, para que no se le irritara. Una experiencia única pero no apta para todos los públicos.

Paseando por la calle cerca del Cat Café nos encontramos con un restaurante muy peculiar y como ya estábamos en modo “vamos a ver cosas raras-raras” decidimos entrar y comer algo. Se llamaba Very Berry y el dueño debía ser un fanático de las cosas americanas-hawaianas porque más que un café parece un museo, aquí os dejo las fotos para que lo comprobéis por vosotros mismos.

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El resto de la tarde la pasamos por las calles comerciales del centro, Japón es una locura para los locos de las papelerías como yo, no sé cuántas pegatinas-lápices-libretas me he traído pero muchas. Intentamos no comprar demasiado pensando en hacerlo en Tokyo pero algunas eran irresistibles sobre todo por lo bonitas que son las tiendas y lo amable que es la gente.

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Para la cena nos volvimos a juntar todos en el centro y buscando (en Japón siempre hay que mirar los carteles de los edificios ya que los restaurantes y cafeterías suelen estar en los pisos superiores y si no miras hacia arriba no los ves) encontramos un sitio chungo dónde olía a pies así que no pongo nada porque no os lo recomiendo… 😛

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